sábado, 26 de octubre de 2013

TEMA IX: Reacciones psicológicas en adultos y ancianos en emergencias y desastres.




Al momento anterior al desastre, Le sigue la fase de impacto, sin que se puedan distinguir bien una de la otra. La fase de impacto incluye también el periodo inmediatamente subsecuente al desastre, que algunos delimitan alrededor de dos semanas.
En la fase de impacto, las reacciones psicológicas varían de acuerdo a las circunstancias sociales y particulares de cada persona.
Las mas comunes reacciones emocionales son: ]a negación, el miedo, la disociación, el estrés, ansiedad intensa, con sus variaciones: los estados de angustia y la somatización. Otras reacciones psicológicamente muy generalizadas durante los desastres son: la ira, el embotamiento y la hipersensibilidad. También los estados psicológicos que tienen que ver con las sensaciones de perdida, las reacciones de duelo y los sentimientos de culpa.



Reacción de los adultos

La Negación
La negación es una reacción emocional muy frecuente. Se caracteriza porque la persona niega que exista peligro alguno y actúa sin hacer caso a los llamados a protegerse, 0 a abandonar la zona de peligro y tomar medidas preventivas. Es un mecanismo de defensa, de mala calidad, que nos hace negar el peligro, antes que enfrentarlo. A menudo se actúa as! porque no se quieren abandonar las pertenencias y el hogar, 10 que aumentaría su vivencia de abandono e incertidumbre. Ante tal posibilidad el sujeto prefiere usar la negación y no asumir una actitud de lucha.

El Embotamiento Afectivo

La insensibilidad, embotamiento o anestesiamiento afectivo ha sido mencionado como un efecto psicológico de los desastres por casi todos los reportes, ya sea como
síntoma aislado o como parte del estrés agudo o del estrés post-traumático.
Se trata de la disminución de la capacidad para sentir emociones que se experimenta en muchas personas después de un desastre. En ese estado la persona parece anonadada, aturdida.
Wolfenstein hizo la siguiente observación como posible explicación del hecho: «..puesto que la victima del desastre ha sido forzada a recibir mas de lo que ella puede asimilar por el momento, hay una resistencia a admitir mas estímulos. El organismo ha sido inundado de esto y no tiene la capacidad para aceptar mas, durante un tiempo dado. Por tal motivo, la victima es insensible a lo que ocurre a su alrededor».


La Hipersensibilidad y la Sugestionabilidad


Las personas, una vez ocurrido un desastre, están en un estado de sobrealerta, atentas a que la tragedia pueda repetirse. Y, en consecuencia, son particularmente susceptibles a las falsas alarmas o rumores de peligro, por lo cual las personas que han vivido tales experiencias, se tornan son muy sugestionables.

La Dependencia


La dependencia es una reacción psicológica asociada a una sensación de impotencia, que se da sobre todo en las personas mas perjudicadas y desvalidas, a las que la desorganización social que produce el desastre, aumenta su miseria e impotencia. La vida en los refugios, su condición de damnificados, fomenta aun mas esa dependencia, que los socorristas y los programas de asistencia a victimas no pueden fomentar.

El Miedo

El miedo es una reacción normal que nos advierte de un peligro y nos empuja, si no es muy desmesurado, a actuar; a luchar, a huir, escapar 0 tomar medidas para protegemos.
Si es muy grande, el miedo puede paralizamos o desorganizamos psicológicamente, produciendo una situación de disociación o histeria personal o colectiva.

La Disociación


Las situaciones de desastres son de gran estrés, de mucha ansiedad, y en algunas personas, de estructura psicológica débil, pueden producir un estado de disociación  que desorganiza el proceso mental, produciéndose una perdida de control, trastornos de conductas de diversas índoles y en algunos casos, perdida de la memoria del hecho, seguido de desorientación y confusión.
Se producen también estados de angustia con sensaciones físicas diversas: temblores, sensación de ahogo, palpitaciones, y, en casos graves perdida del control de los esfínteres con expulsión de orina y evacuaciones involuntarias.

La Ira

En situaciones de emergencias y desastres, en muchas personas, se produce un sentimiento de ira y hostilidad. Ira contra las autoridades que pudieran tener algún nivel de responsabilidad en el hecho, o que no actuaron con la premura que considera la población perjudicada que debió hacerlo; Ira contra los que no fueron tan perjudicados e incluso ira contra Dios: “Por que a mi y no a otro? ¡Dios ha sido injusto!”, pueden pensar algunos damnificados.
Ira, también, porque la organización que implica la asistencia a un desastre, obliga a establecer ciertas normas muy estrictas y hacerlas cumplir: áreas restringidas, filas, privilegios a niños, ancianos, inválidos, etc., que no todos los ciudadanos están dispuestos a seguir. Pero también hay ira contra los beneficiarios del desastre, que utilizando su posición, Les dan privilegios a sus allegados, familiares y a ellos mismos, practicando la corrupción.

La Culpa

La culpa es un sentimiento que todos los autores registran asociada a los desastres, y que esta vinculada a diversas situaciones.
La culpa es un sentimiento de auto reproche, critica y condena, que el sujeto se propicia así mismo cuando realiza un acto, o deja de realizarlo, que entra en contradicción con su sistema de val ores, convicciones y creencias.
En medio de un desastre, las personas se culpan por no haber previsto las medidas pertinentes que ahora les parecen lógicas; el no haber tendido una mano de socorro
o el no haber cooperado para ayudar a alguien a salir de una situación de peligro; el no haber persuadido al otro para que abandonara su hogar, que luego fue barrido por las aguas o el viento, etc.
También ha sido descrita la «culpa por la muerte». Se trata de una sensación de autocondena por haber vivido después que otros murieran.
En fin, cualquier situación, que a ojos actuales, le parezca a la persona, que se produjo por su irresponsabilidad, será causa de una vivencia de culpa, real o imaginaria. Pero la culpa en los desastres se produce también por otra vía: se asocia al estado de ánimo depresivo o a las depresiones que suelen aparecer en los perjudicados por la tragedia.

El Duelo

En los desastres hay grupos que pueden sufrir perdidas catastróficas  perdidas humanas, de los bienes que les costo adquirir toda una vida, del hogar en muchos casas, del entorno; el desarraigo, al irse a vivir a un «refugio», en condiciones de aislamiento, hacinamiento e inseguridad y sensación abandono, como a la que se ven arrojadas las victimas de desastre en el «tercer mundo», son situaciones de derrumbe extremas. Hay pérdidas aparentemente menos traumáticas, como la mascota o los juguetes de un niño, que producen también un indudable sentimiento de duelo.
En sentido común se denomina duelo al proceso doloroso que se vive luego dela muerte de un familiar u otro ser amado. En sentido estrictamente psicológico  y por extensión  el concepto duelo designa al proceso que se produce tras las perdidas significativas de bienes, de una relación afectiva, de un ideal, de un ser amado, del honor, de una posición de poder social, etc.
El sentimiento predominante que acompaña a la perdida durante el duelo es la melancolía o tristeza; pero puede acompañarse a menudo de autoreproches, ira, vergüenza y de todo o parte del síndrome depresivo, dependiendo de las circunstancias y del significado de las perdidas.
Con el tiempo, se elabora la perdida en función del sentido de realidad, aceptándose como irrecuperable lo perdido y colocando la experiencia vivida como reminiscencia, en el pasado. La persona reinstala entonces su interés por el mundo exterior, la vida sigue, y se supera el trauma. Esta elaboración del duelo requiere tiempo.
El Manual de Diagnostico y Estadístico de los Trastomos Mentales (DSM-IV), considera que si el duelo se prolonga por mas de seis meses debe considerarse una
depresión. Las reacciones de duelo pueden dar paso a cuadros depresivos.

Las Depresiones

Las depresiones asociadas a los desastres son de los mas variados tipos: Reacciones depresivas breves, que' son estados depresivos leves y transitorios que no exceden de un meso Reacciones mixtas de ansiedad y depresión 0 con predominio de otras emociones; a veces con predominantes comportamientos obsesivos y disociales.
Se presentan también Trastornos de adaptación, con humor depresivo, preocupaciones y ansiedades, o una mezcla de todo ello que interfiere las actividades. Aparecen, por lo común, un mes después del acontecimiento.
Este cuadro se expresa como un sentimiento de incapacidad para afrontar el futuro y con dificultad para actuar en el presente y realizar las rutinas diarias.
En los niños suelen aparecer conductas regresivas, como chuparse los dedos, lenguaje infantil y enuresis, es decir orinarse involuntariamente.
Se presentan también Reacciones depresivas prolongadas que no son más que depresiones moderadas, pero cuya duración no excede los 2 anos, después de la exposición de la situación de desastre.

Reacciones de Estrés Agudo

Otro trastorno psiquiátrico que se produce tras los desastres, es lo que se diagnostica en la Clasificación Internacional de Enfermedades, en su decima revisión (CIE-l 0) como Reacciones de estrés agudo. Se presentan en personas, sin otro trastorno mental aparente, y suelen empezar a remitir en muy pocas. Horas y desaparecen después de 24 a 48 horas.7 No duran por lo general mas de tres días. Antiguamente se le denominaba Crisis de nervios, Reacción aguda de crisis, Shock psíquico, Síndrome de desastre, neurosis de guerra, Síndrome de supervivencia, etc.»
La sintomatología de este trastorno puede ser muy variada. Los rasgos mas relevantes, considerados como pautas para el diagnostico en el CIE-I 0, son: el embotamiento afectivo, una situación donde el sujeto actúa como si no sintiera 0 reaccionara a nada; estrechamiento de la atención, desorientación en tiempo y espacio, es decir, no sabe el día en que vive o la hora que es hoy, ni puede tampoco identificar el lugar donde se encuentra, y en los casos mas graves, se puede presentar amnesia total o parcial. Lo importante es que ese estado remite rápidamente, de 24 a 72 horas.

Descompensaciones

Algunos pacientes, que previamente al advenimiento del desastre tenían un nivel de desequilibrio emocional o que padecían un trastorno mental, ya controlado, la crisis puede precipitarlos a la descompensación: Depresiones, trastornos obsesivos, fobias, esquizofrenias y otros trastornos psicóticos.
En otras personas, que tenían un trastorno del humor reactivo o problemas «neuróticos» el desastre puede, en cambio, restablecer su equilibrio, pues, si sus problemas eran irrelevantes, al compararlos con otras perdidas mayores, o con la misma catástrofe; o ante el hecho de haber salvado su vida, se compensan.
También pueden presentarse trastornos disociativos en los cuales el sujeto no recuerda ciertos hechos y cosas del pasado, e incluso su propia identidad. También puede perder la movilidad de parte de su cuerpo.
Remite en pocos meses; y si dura mas de dos años suele ser resistente al tratamiento. De ahí la importancia de un diagnóstico oportuno y de una intervención temprana.

Estrés post-traumático.

El estrés post- traumático es un trastomo psiquiátrico que no solo adviene tras una situación de desastre, un bombardeo, etc.; sino que se produce en situaciones de extrema ansiedad, como son las que se viven en una violación, o un atraco a mana armada con violencia y/o muerte, de extremo peligro para el involucrado.
En los desastres la instalación del cuadro de estrés post-traumatico es una respuesta tardía. Los síntomas, tal y como los describe el CIE-10 son:
-Volver a vivenciar el trauma en forma de reminiscencias o sueños que tienen lugar sobre un fondo persistente.
-Sensación de «entumecimiento» y embotamiento emocional, de despego de los demás, de falta de capacidad de respuesta al medio, de anhedonia o incapacidad para sentir placer.
-Evitar actividades y situaciones evocadoras del trauma. Suelen tenerse y evitarse, las situaciones que recuerdan o sugieren el trauma.
-En raras ocasiones, pueden presentase estallidos dramáticos y algunos síntomas de miedo, pánico, o agresividad, desencadenados por estímulos que provocan un repentino recuerdo, una actualización del trauma, o de la reacci6n emocional frente a una o mas situaciones a la vez.

ESTRATEGIAS DE RESOLUCIÓN DE CRISIS EN ADULTOS:
  • Buscar compañía y hablar, compartir sentimientos y pensamientos con otros.
  • Escuchar y ayudar a otros.
  • Permitirse sentirse mal, deprimido o indiferente. 
  • Ejecutar ejercicios físicos y de relajación.
  • Estructurar el tiempo y mantenerse ocupado.
  • Evitar el consumo de sustancias psicoactivas para evadir el dolor o sufrimiento.
  • Realizar actividades que le causen bienestar, alegría y le hagan sentires útil y solidario.
  • Descansar lo necesario.
  • Llevar una dieta alimenticia adecuada.
  • Comprender que los sueños y pensamientos recurrentes acerca del evento traumático son normales y deben ser compartidos.
  • Tratar de mantener un itinerario de vida lo más normal posible

  • Escucharlos detenidamente y acompañarlos.
  • Promover ayuda y solidaridad.
  • Fortalecer vínculos entre familiares y amigos.
  • Proveer información suficiente.
  • Fomentar la participación de los afectados en las tareas de la vida cotidiana.
  • Comprender y aceptar el enojo y otros sentimientos de los afectados.
  • Decirles: “Tú no estás solo, cuentas conmigo”.


Reacción de los adultos mayores

La población de ancianos tiene varias características e inquietudes que los hacen, en particular, vulnerables a los efectos de los desastres; pueden responder de una manera ineficaz por su lentitud a nivel motriz y cognoscitivo. Algunos adultos mayores tal vez presenten traumas adicionales si se les ha transferido a un entorno hacinado que les es poco familiar; como consecuencia de haber vivido muchos años, las personas mayores tienden a sufrir pérdidas múltiples, que incluyen los sistemas importantes de apoyo. Los consejeros deben estar pendientes de los signos de depresión en los damnificados ancianos ya que las pérdidas sufridas en el desastre pueden sumarse a las anteriores y provocar depresión.
Las personas mayores tienen reacciones y necesidades particulares después del desastre; al igual que con otras subpoblaciones, los consejeros tienen que considerar muchos factores individuales que distinguen a una persona de otra. Generalizar las necesidades especiales del subgrupo ayuda a formular guías para el programa para damnificados, de suerte que atienda las necesidades del grupo.
Muchos ancianos, en particular los de nivel económico bajo, inmigrantes o trabajadores no calificados, pueden carecer de recursos, estar en un estado físico en deterioro y perder los sistemas de apoyo importantes en el vecindario destruido. Quizá también tengan más dificultades para “navegar” por los canales del sistema de urgencia y teman perder su “independencia”, si los consejeros se llegan a dar cuenta del deterioro de sus facultades.
Los problemas que agudizan las dificultades de los ancianos para resolver la crisis en la etapa posterior al desastre pueden abarcar: 
  • La necesidad de reubicarse con miembros de la familia donde la privacidad, el espacio personal y la rutina diaria son una fuente de estrés;
  • las dificultades con el horario de dormir y el hecho de depender de medicamentos para conciliar el sueño, y
  • la pérdida de “señales” para llevar a cabo las actividades cotidianas, que conllevan la sensación de desorganización o confusión.

Los consejeros de salud mental se pueden relacionar mejor con los damnificados mayores si tienen en mente algunas de estas características; estos ejemplos son un recordatorio de que hay que considerar las características biopsicosociales de las poblaciones con necesidades especiales, al analizar los factores de riesgo que influyen en la capacidad de resolución de crisis en la etapa posterior al desastre.
En un estudio a más de 200 ancianos entrevistados antes y después de dos inundaciones en el sudeste de Kentucky (1982) se encontró que la exposición a estos incidentes difirió en intensidad general. Las pérdidas personales aumentaron las emociones negativas a corto plazo, que duraron hasta un año después de la inundación; los efectos a largo plazo dependieron más del nivel de la exposición a un alto nivel de destrucción de las comunidades y a pérdidas personales (Phifer J.F. y Norris F.H.)

Estrategias de resolución de crisis en adultos mayores:

  • Reconstruya y reafirme los nexos y las relaciones. Las relaciones son la conexión con la vida; empero, deje al anciano decidir con quién desea juntarse, no suponga que las relaciones familiares son amistosas. Se necesita cercanía afectiva y física.
  • Pregúnteles sobre sus inquietudes respecto de la seguridad. Las personas mayores necesitan saber que tienen opciones, al elegir una alternativa acerca de su seguridad. La evacuación es un tema sumamente polémico en el desastre; los ancianos quizá estén más seguros durante las evacuaciones si permanecen en sus casas, si esto es posible.
  • Es importante conversar con los ancianos acerca del efecto del desastre. Recuerde que pueden tratar de dilucidar su vida y no el suceso que acaba de ocurrir, no evite esa ventilación. Validar las inquietudes pasadas es una parte importante de ganarse la confianza y prepararse para tratar los problemas actuales.
  • Los consejeros de salud mental deben comprender las lagunas en la comunicación, en las cuales las personas mayores van y vienen entre el pasado y el presente. En la conversación del anciano se pueden confundir eventos o relaciones pasadas en función de realidades presentes. Cabe recordar que la discusión puede ser enteramente racional y lógica desde el punto de vista del anciano.
  • Si una persona mayor se olvida de un nombre, lugar o parte de un suceso, el consejero debe tomar precauciones cuidadosas para evitar presionar a la persona para que recuerde. Casi siempre, el anciano se acordará, pero la presión inhibe la memoria.
  • Los consejeros deben estar preparados para que los ancianos hablen de manera esporádica del evento, dedicando breves intervalos de tiempo a concentrarse en los detalles concretos de la situación post-desastre.
  • Los consejeros deben ser conscientes de que un anciano de una minoría puede tener diferentes tradiciones y antecedentes culturales; esto influirá en su “visión del mundo”, en especial por la opinión que tenga acerca de los servicios y los organismos públicos de socorro. Los servicios prestados a los grupos dominantes no tienen que ser apropiados forzosamente a cada minoría. Por ejemplo, las diferencias que los afroestadounidenses muestran al resolver la crisis y adaptarse pueden, en realidad, ser diferencias de estilo y expresión. Otro ejemplo puede ser el hecho de que los ancianos estadounidenses de origen asiático subutilizan los servicios formales a su alcance; la falta de dominio del inglés parece impedirles pedir servicios fuera de sus comunidades étnicas.
  • Los ancianos quieren tener información objetiva, pero asimilan los hechos poco a poco y, por tanto, piden que se les repita la información varias veces. Con el tiempo, habrán integrado la información, ello les dará un mejor control del evento mismo.
  • A los ancianos se les debe dar descripciones a corto plazo de lo que les sucederá de manera inmediata después del desastre. Es necesario aclararles los horarios y lugares específicos de los eventos; también ayuda el esbozar los sucesos en un calendario o reloj para que puedan seguir de manera más fácil lo que pasará en el futuro. Los consejeros tienen que pasar tiempo entrando en los detalles de las necesidades básicas: quién ayudará a la persona mayor; dónde permanecerá durante la noche; dónde conseguirá ropa; qué pertenencias puede rescatar.
  • Hay que establecer las rutinas lo más pronto posible, es incluso preferible reiniciar rutinas antiguas. Las rutinas son el ancla en el proceso de envejecimiento.
  • Es preciso asegurar al anciano que la falta de concentración, la pérdida de la memoria, las dolencias físicas, la depresión y cosas por el estilo son reacciones normales a la tragedia y al desastre.
  • Hay que hacer hincapié en apoyar la confianza y la dignidad de la persona mayor, en todas las actividades posteriores al desastre que se necesiten para devolverla a su hogar.

 Si deseas mayor información puedes accede al siguiente link:

  • http://www.gmhfonline.org/gmhf/consumer/disaster_prprdns_es.html
  • http://api.ning.com/files/953bHOXu9W1Ahxrrln1TQ3DdRPKZf5-fVggPdk83mW9*cTAvj4onWTDWEweLXYRXsPlACTHwwcQ0EW3RH6aa0pxylSX-8Oqz/APOYOPSICOSOCIALENEMERGENCIASHUMANITARIASYDESASTRES.pdf
  • http://www.counselingamericas.org/pdf/libros/03_LibroProtecciondelaSaludMental.pdf





5 comentarios:

  1. Es difícil determinar el impacto de un desastre; sin embargo, se pueden usar ciertas cifras como
    indicadores. A menudo, la consternación del público es directamente proporcional al número de fallecidos adultos, ancianos,niños, etc. Sin embargo, durante el transcurso de los años, se ha estimado que la proporción de personas afectadas fue 400 veces mayor que el número de fallecidos. En muchos grupos se observaron problemas de salud mental: los heridos graves, otras víctimas del desastre e incluso los habitantes de otras zonas no afectadas por el desastre que hayan perdido amigos y familiares. El número de muertos es sólo el principio del problema.

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  2. Todas las reacciones que están muy bien explicadas en este blog , sucede en los ancianos y es muy bueno saberlo porque si vemos que impacto se va a dar subsecuente a un desastre

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  3. es importante estar bien preparados para intervenir con este tipo de personas , ya que existe la vulnerabilidad a caer en depresión mas el los adultos mayores. una intervención oportuna sera de gran ayuda y superar sus problemas de manera adecuada.

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  4. Las personas mayores se enfrentan a situaciones particularmente peligrosas por el aumento considerable de conflictos y desastres naturales, sin embargo, no siempre son identificados como grupos vulnerables.Los derechos de las personas mayores, sus necesidades y sus capacidades deben ser reconocidos por todos los programas de emergencia.

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  5. Las características de vulnerabilidad y fragilidad del anciano y personas adultas ante situaciones de emergencia y desastres, quienes no pueden responder adecuadamente por su lentitud motriz y cognoscitivo, ya que muchos de ellos padecen de enfermedades de trastornos de la memoria, entre otras, muchos de ellos expuestos a padecer de depresión por los recuerdos y pérdidas de sus bienes a los cuales sienten apego;por lo tanto una ayuda emocional es muy imoportante

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