sábado, 19 de octubre de 2013

Tema VIII: NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES EN EMERGENCIAS Y DESASTRES

Niños, niñas y adolescentes en situacion de emergencia y desastre


La preocupación de la comunidad internacional por los derechos del niño, la niña y adolescentes se hizo más visible en el contexto de desastres que representó la Primera Guerra Mundial. Englantyne Jebb23 planteó por primera vez la necesidad de establecer un código que reconozca los derechos universales para los niños y niñas luego de desarrollar una importante tarea con aquellos que fueron víctimas de la guerra. Su propuesta fue asumida por la Liga de Naciones que en 1924 emite la Declaración de los Derechos del Niño. Esta es una antesala para que posteriormente, en 1959, las Naciones Unidas aprueben la Declaración Universal de los Derechos del Niño y que en 1989 se formalizó bajo la Convención de los Derechos del Niño, CDN.
No es casual que a partir de una situación de devastación posterior a la Gran Guerra surja el ímpetu y preocupación por abordar los derechos de la niñez. El fenómeno de los desastres refuerza el carácter de vulnerabilidad de la niñez y la adolescencia, incrementando el impacto, intensificando los efectos en relación al incumplimiento de sus derechos. En la actualidad, la CDN representa la síntesis más acabada para interpretar y trabajar sobre la realidad de la niñez y adolescencia. 191 Estados la han suscripto y para los Estados de la región, ha significado un avance sustancial y un gran desafío – aún vigente- para su implementación. Aplicado a desastres, tanto para la gestión del riesgo en su abordaje más amplio para la actuación durante la emergencia y la rehabilitación, el enfoque de derechos humanos cobra un valor muy significativo.

Actualmente cada año en el mundo suceden entre 70 y 80 emergencias humanitarias a causa de los fenómenos naturales.
En 1999 murieron más de 70,000 personas a causa de fenómenos como inundaciones, deslizamientos, huracanes, erupciones volcánicas, terremotos, sequías y maremotos. Entre el 50 y 60 % de los afectados por fenómenos naturales y guerras en el mundo son Niñas, Niños y Adolescentes.
En un contexto de emergencia muchas veces las necesidades de niñas, niños y adolescentes pasan desapercibidas “invisibles”
Los fenómenos naturales, por cuanto son naturales no se pueden evitar.  Sin embargo, si se pueden prevenir ciertos riesgos antes, durante y luego de las emergencias o desastres.  Para esos fines se elaboran los programas de reducción de riesgos y mitigación de desastres.
En  situaciones de emergencias ninguna persona esta exenta de ser afectada,  pero los niños, niñas y adolescentes son los más vulnerables, y por ende pueden ser los más afectados en estas situaciones.  De acuerdo a la Convención de los Derechos del Niño, la población de personas menores de 18 años tiene el derecho de recibir prioritariamente ayuda  en situaciones de emergencia causadas por desastres naturales o de cualquier índole.



Impacto de los desastres en niños, niñas y adolescentes


Los efectos de los desastres en la niñez y la adolescencia están vinculados a la vulnerabilidad asociada a su nivel de desarrollo y los recursos de protección acordes a su edad. Las afectaciones a su desarrollo biopsicosocial son amplias y pueden provocar alteraciones perdurables. Si bien el tipo de impacto específico varía según – entre otros factores – las características de cada persona, la capacidad del entorno de dar contención (familia, comunidad, Estado), el tipo de desastre (duración, impacto, intensidad) y la capacidad de la comunidad e instituciones de dar respuesta, es innegable la probabilidad que se produzca una interrupción en la “normalidad” y en la cotidianeidad de la vida. Por esto, la alteración puede tener diferentes consecuencias y efectos para los niños, niñas y adolescentes, impactando con mayor o menor intensidad.

Entre los efectos más frecuentes se observan la vulnerabilidad y propensión en general a afectaciones en la salud física (enfermedades infecciosas, heridas, hipotermia) con un especial peligro latente sobre el estado nutricional de los niños, niñas y adolescentes, dado que estos riesgos tienden a agravarse debido a la incidencia del desastre en los componentes del proceso de abastecimiento y acceso (pérdida de la fuente de sustento del grupo familiar, hábitos alimenticios, daño en las vías de acceso, enfermedades) y en las condiciones nutricionales de la población, previas a la ocurrencia del evento.
Durante y posterior al desastre es muy frecuente que se constate una evidente disminución general de la calidad de vida: acceso a la atención en salud, a la alimentación, a la vivienda, a la educación; poniéndose de manifiesto muchas veces la falta de atención especializada en los servicios que contemple la situación particular de niños, niñas y adolescentes en relación a la situación de la población en general.
Una variable que ha acaparado la atención de diferentes instituciones y ámbitos técnicos en relación a la niñez y adolescencia son los efectos psicológicos provocados tanto por situaciones de duelo, alteración de hábitos y costumbres, incertidumbre, miedos y/o traumas provocados por la experiencia de catástrofe. Muchas veces signada también por la pérdida de referencias adultas, seres queridos y la alteración – parcial o completa- de su cotidianeidad. Ser testigos de eventos trágicos –de los efectos del fenómeno en sí, así como las consecuencias posteriores- pueden causar daño emocional y dejar huellas difíciles de superar.
Otro riesgo que se ha identificado es el aumento de la probabilidad de sufrir diferentes tipos de violencia principalmente en quienes se ven separados de sus padres o Documento de posicionamiento político referentes familiares, tales como abuso sexual (principalmente a niñas y mujeres adolescentes), maltrato, sustracción y potencial aumento del trabajo infantil. En ocasiones, el hacinamiento y las condiciones denigrantes lo acrecientan. Se hace urgente la atención prioritaria a los niños y niñas desprovistos de cuidados parentales y la integración del enfoque de género a las políticas orientadas a la gestión del riesgo y, particularmente, la emergencia para niños, niñas y adolescentes a fin de contemplar y alertar sobre estos riesgos. Actuar en consecuencia implica reconocer que los efectos no solo son distintos en relación a su edad y capacidad sino también para niñas y niños.

Vulnerabilidad


La vulnerabilidad está determinada por las condiciones sociales que ponen en desventaja a una o varias personas con respecto a otras en determinadas condiciones. Los niños, niñas y adolescentes están en condiciones de especial vulnerabilidad debido a que requieren de particular cuidado y protección por parte de los adultos. El crecimiento y desarrollo de los niños y niñas depende de lo que hagamos por ellos. Estas acciones definirán el tipo de adultos que ellos llegarán a ser. Las emergencias provocan interrupciones en la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes que afectan su desarrollo y crecimiento (edad, género y grado de madurez).


Doctrina del desarrollo integral

Las Niñas, Niños y Adolescentes que enfrentan situaciones de emergencia tienen los mismos derechos de aquellos que se encuentran en situaciones estables.
Los derechos son indivisibles e interdependientes por ello debemos asegurar el ejercicio de todos los derechos; los derechos civiles y políticos (derecho a la vida, a la protección contra todas las formas de tratos crueles, Inhumanos y degradantes, derecho a elegir y ser elegido, etc.), los derechos económicos, sociales y culturales (calidad de vida con dignidad, derecho a la alimentación, al trabajo, a la recreación, etc.) y derechos colectivos (medio ambiente sano, Identidad cultural, desarrollo, etc.).

Protección especial

Igualmente,  servicios de salud  adecuados y otros servicios sociales  deben ser parte de cualquier respuesta a una emergencia, considerando que los niños en albergues deben beneficiarse de los servicios esenciales para su supervivencia.
En lo concerniente a la protección contra los malos tratos, la citada convención (Art. 19) asigna al Estado la obligación de proteger a la niñez de todas las formas de malos tratos perpetradas por padres, madres o cualquier otra persona responsable de su cuidado, y establecer medidas preventivas y de tratamiento al respeto.
¿Cuál debe ser el papel del padre, de la madre o personas encargadas de menores de edad?  Conviene recordar que los niños, niñas y adolescentes son personas en formación que tienen derechos, por tanto a la hora de tomar una decisión se recomienda hacer lo que sea mejor para la niñez  y  proteger en una emergencia de manera prioritaria la vida de sus hijos e hijas.
Con el fin de disminuir el impacto de la estadía en los albergues, siempre que sea posible, se recomienda organizar actividades recreativas y deportivas y procurar lo  antes posible el retorno a la escuela. En República Dominicana la mayoría de los albergues están en escuela, lo que podría afectar el reinicio de la docencia en aquellos lugares en que las escuelas continúan ocupadas por las familias que han perdido sus hogares. 



Implementación de acciones


PREPARACIÓN

La preparación refiere a las capacidades que desarrolla o adquiere el gobierno, los técnicos, funcionarios públicos, profesionales, organismos y organizaciones de respuesta, las comunidades y las personas para poder prever, responder y recuperarse de posibles impactos asociados a determinada amenaza. La estrategia de preparación debe tener una estrategia específica tanto para la preparación para atender los derechos de niños, niñas y adolescentes y garantizar su bienestar como también en la manera en que pueden involucrarse en esta etapa.
Entendido como una acción dentro de la gestión del riesgo de desastres, su objetivo es gestionar todos los elementos (coordinaciones, disposición de infraestructura, establecimiento de criterios para la respuesta y responsabilidades, definiciones presupuestarias, información pública y capacitación, entre otros) para planificar de manera eficaz una respuesta inmediata y coordinada frente a la emergencia y recuperación. Debe existir una estrecha articulación en el desarrollo de las capacidades institucionales y de las propias comunidades, así como los distintos niveles del sistema, para favorecer y habilitar la respuesta coordinada.
En esta etapa, en lo que a niños, niñas y adolescentes refiere, debe estar contemplado un sistema de información que tenga relevada su situación así como necesidades diferenciales. Parte de la preparación contempla la consideración sobre los recursos con los que se cuentan y cuáles sería necesario implementar para garantizar su bienestar, tanto en insumos como infraestructura. No debe dejarse de lado el relevamiento en relación a recursos humanos.

PREVENCIÓN


La etapa de la prevención de desastres integra el concepto de evitar los posibles impactos adversos tomando acciones con anticipación. Probablemente no sea posible prevenir en la totalidad el posible impacto del desastre, pero a través de las tareas y estrategias de prevención, se procura disminuir considerablemente la intensidad y/o severidad de esos efectos.
En esta etapa es fundamental que se tomen medidas de sensibilización y se difunda la información pública que contenga las medidas a tomar, acciones a realizar y responsables en caso de que ocurra el fenómeno. Esta información debe estar dirigida tanto a la población como a las instituciones encargadas de proteger los derechos y atender las necesidades de los diferentes segmentos sociales.
Es recomendable que los responsables de la gestión de riesgo de desastre puedan integrar a los niños, niñas y adolescentes en las tareas de prevención y que puedan dirigirse políticas de comunicación orientadas específicamente a su comprensión y empatía, con niveles adecuados de información de acuerdo a su edad y nivel de entendimiento. Tomar medidas –e informárselas- para la emergencia de manera inclusiva y también asignarles roles y que conozcan las responsabilidades de otros actores, es una forma de contemplarlos como ciudadanos, con derechos y responsabilidades. Parte de promover sus derechos es generar estrategias que los prepararen para las situaciones de emergencia, que las incorporen y logren sentirse seguros y protegidos. Sin perder de vista que, su bienestar y desarrollo, van de la mano del bienestar y capacidad familiar.
La familia es la primera institución responsable de cuidado, socialización y contención de los niños, niñas y adolescentes, y como tal debe tener las condiciones suficientes para poder brindar esta seguridad y recibir el apoyo necesario para continuar con sus responsabilidades. Frente a las emergencias se torna vital mantener a los niños, niñas y adolescentes con sus familias, procurando y garantizando la reunificación familiar a la mayor brevedad posible en el caso de que se produzcan privaciones de ese cuidado.
Los recursos destinados a la prevención de los desastres suelen ser los recursos mejor invertidos. La prevención y la forma de afrontar los fenómenos naturales difieren en cada cultura y pone en evidencia la importancia que cada sociedad le confiere a valores como la solidaridad y el bienestar colectivo por encima del individual. Se sugiere que los Estados Miembros enfaticen y promuevan la creación de una cultura de prevención de desastres, en los distintos espacios de socialización de niños, niñas y adolescentes, como el hogar, la escuela, comunidad y medios de comunicación (formales e informales).

RESPUESTA


Debe existir una ruta clara y compartida, con roles asumidos y conocidos por los actores involucrados que permitan un desempeño eficiente y oportuno para la atención y protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes, siendo clave la orientación hacia la continuidad de los procesos de desarrollo y sus actividades en la sociedad en corto, mediano y largo plazo.
“En una intervención en emergencia, donde usualmente es necesario priorizar actividades y grupos de mayor vulnerabilidad, es indispensable conservar la visión de que los derechos humanos, incluidos - y en especial - los derechos de la niñez, son indivisibles e interdependientes entre ellos. Aunque sea necesario priorizar sectores de intervención para agilizar y efectivizar las actividades, las metas deben permanecer integrales y totales a los derechos humanos y de la niñez, tomando en cuenta que estos derechos no son transitorios, y que muchas veces las situaciones extremas evidencian y agudizan los vacíos preexistentes a la emergencia.”


RECUPERACIÓN


El restablecimiento inmediato de hábitos y costumbres es un factor sustancial para el retorno a la “normalidad” de la vida de niños, niñas y adolescentes. En este sentido la asistencia a los centros educativos se vuelve un elemento clave para su contención y sentimiento de seguridad. Es de destacar también la necesidad de contar con planes y programas de atención psicológica ya que las secuelas tienden a ser mucho más intensas en la niñez y adolescencia por su relación de dependencia.
Asimismo, es importante poder integrar lo ocurrido, incluso, tomarlo como una oportunidad para estar alertas, conscientes y sensibilizados en relación a los peligros que existen y las formas de prevenir los posibles impactos y proyectar estrategias tendientes a aumentar su resiliencia.



AMAMECRISIS


Son un grupo de profesionales en salud mental; Entrenados y Certificados con Reconocimiento Internacional en diversas aproximaciones, modernas, rápidas y altamente efectivas; para atender dentro de un Continuo de Servicios en Salud Mental, a los y las sobrevivientes de eventos potencialmente traumáticos; como víctimas del delito y la violencia en todas sus formas y manifestaciones.
Tiene como Misión Prevenir o Aliviar el Sufrimiento Humano Producido por el Trauma Psicológico.

Protocolos de trabajo

Estos protocolos solo deben de ser empleados por clínicos profesionales en salud mental y que hayan completado satisfactoriamente los entrenamientos de las técnicas que se mencionan en los protocolos.
Durante cualquier protocolo, los demás profesionales en salud mental que no participen en la ejecución del protocolo actual, formaran un “Cuerpo de Protección Emocional” (CPE) alrededor de los niños, para estar pendientes de sus reacciones emocionales y auxiliarlos cuando se considere necesario.

  1. Protocolo Básico

Se emplea previo a cualquier otro protocolo.  Se inicia con un ejercicio de integración con la finalidad de captar la atención de los niños y establecer raport, Lo importante es lograr los objetivos, a) Que los niños se familiaricen con el espacio de trabajo/juego, b) Que los niños se aproximen físicamente al terapeuta, para obtener raport y ganar su confianza, c) Que los niños se integren al grupo. Luego se aplica un juego para llevarlos de lo cognitivo a lo emocional. Posteriormente otro para validar los signos y síntomas del estrés postraumático, se prosigue con consejos para ayudar al proceso de recuperación.

  1. Protocolo del dibujo libre

Es recomendable para grupos grandes. Se requiere un facilitador (profesional en salud mental) y por lo menos un asistente (Cuerpo de Protección Emocional) por cada grupo de 15 a 20 niños. Si son pocos terapeutas, los grupos pueden ser más grandes. Papel y crayones. Tablas o escritorios, de ser posible.
Se les entrega una hoja de papel y crayones y se les pide que dibujen lo que quieran; Si a criterio de los integrantes del CPE, los dibujos pueden representar angustia, miedo, enojo, tristeza, etc. Se colocan atrás del niño (en cuclillas o sentado) y le hace la estimulación bilateral en los hombros mientras que el niño dibuja. Solo eso, sin hablar, no es deseable llevarlos mediante explicaciones no solicitadas, a un nivel cognitivo. Cuando el niño haya terminado, se le puede preguntar que dibujó. Si el niño no contesta, no importa, puede hacer otro dibujo y el terapeuta sigue haciéndole taping en los hombros. Si después de 5-7 dibujos no hay cambio, se debe de identificar perfectamente a ese niño, para posteriormente trabajar de forma individual con él, siguiendo los protocolos establecidos de EMDR.

  1. Protocolo del cuento encontrando al corazón

El/la terapeuta narra un cuento, relatando los hechos de la propia vivencia de los menores, para que se identifiquen con los personajes del cuento y se establezca interacción. Y se realiza una serie de preguntas con la finalidad de llevarlos de lo cognitivo a lo emocional para validar sus emociones y sentimientos. Luego se le da consejos a los personajes de la historia para ayudar al niño(a) con el proceso de recuperación. Posteriormente se realiza la estimulación bilateral y se termina con la estimulación contralateral.

  1. Protocolo de la piñata

Es recomendado para grupos muy grandes. El terapeuta pide que llenen una piñata imaginaria con todas las cosas que ellos quieran poner dentro. Se reparten pedacitos de papeles de colores. Luego se le pide a cada niño(a) que piense en algo desgradable y lo ponga en su cabeza, brazos, manos y en el papelito. Seguidamente, se les pide que expliquen aquello que están depositando, luego el terapeuta hac notar lo pesada que esta la piñata y empieza a cantar una canción para que los niños lo sigan, a la vez que se van realizando el taping en sus rodillas. Al termino se ello, la piñata se destruye, se quema o se entierra con la finalidad de desaparecer lo depositado en la piñata.


Fuente: 

7 comentarios:

  1. Teniendo en cuenta los síntomas que fundamentalmente tenemos que atajar estableceremos una serie de técnicas e intervenciones terapéuticas que relacionamos son:
    Psicoterapia dinámica.
    Psicoterapia cognitivo-conductual.
    Psicoeducacion y técnicas psicosociales.
    Hospitalización.
    Psicofarmacos.

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  2. En situaciones de emergencia y desastres, se suele invisibilizar a los niños, niñas y adolescentes, dado que se tiene la creencia de que ellos no se dan cuenta de lo sucedido, que la mejor forma de afrontar dichas sucesos es no hablando de ellos y actuar como si no hubieran ocurrido. Sin embargo, sucede todo lo contrario, pues afecta sus vidas y necesitan explicaciones, apoyo y contención para poder procesar apropiadamente lo acaecido.

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  3. La evaluación del niño o adolescente después de un evento que causa un trauma es muy importante ya que a partir de ello se tendría que iniciar un proceso psicoterapéutico ,para mejorar su salud mental y puedan tener una vida mas saludable.

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  4. Las medidas inmediatas de intervención para los niños y adolescentes, es importante que tanto las familias como las instituciones de educación entreguen el tiempo suficiente y de manera escalonada para tratar lo acontecido.

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  5. muy buea e importante informavion para drnos a conor cuales son los fundamento y asi poder rindarno un uen auxiio psicologico despues e una crisis

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  6. La intervención en niños, niñas y adolescentes en situaciones de emergencia y desastres debe hacerse de manera asertiva, planificando para ello medidas preventivas y afianzando las técnicas de afrontamiento después de la ocurrencia de una catástrofe. Es importante conocer y entender cuáles son las reacciones esperadas que se presentan tras un desastre, validando las emociones y sentimientos de esta población vulnerable, como fortaleciendo las vías de comunicación.

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  7. Es importante acompañar el duelo del niño(a) dando apoyo psicologico y reinsertarlo a la vida cotidiana en el menor plazo posible

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